Hay cosas que NO cambian. Se mantienen inalterables en el tiempo. Son nuestro sello, nuestra marca, y todo lo que hacemos tiene ese toque personal. Son como nuestras huellas, lo que toquemos tiene nuestro nombre. Son nuestra identidad. Esas huellas marcan un lugar al cual siempre es bueno volver para poder seguir el viaje. Hallar un punto de nuestra propia identidad es como volver a casa cada día


Con los años, se nos cae el pelo, nos salen arrugas, engordamos, adelgazamos. Pero siempre mantenemos un color inalterable, que nos hace únicos. Ese color, es nuestra esencia. 

Se puede madurar, se puede crecer, se puede aprender. Pero siempre está ese algo de nosotros mismos que se mantiene fiel, inalterable. 


Es como comer tu plato preferido, o escuchar esa canción que te gustó siempre, que para vos nunca pasó de moda. O como reencontrarte con los amigos de toda tu vida. Es reencontrarte con vos. es VOLVER A CASA. 
Una canción, una palabra, un amigo, una mirada. un punto de encuentro. Es volver a casa.
Un gesto que se repite, una mueca de complicidad, un traspié que nos recuerda quiénes somos, donde estamos, para qué viajamos. Símbolos de la vuelta a casa. 
El hombro de ese amigo que te sostiene no va a cambiar. Aunque él cambie y vos cambies. Vayas a donde vayas, ese amigo va con vos. 
Es como el sonido de tu risa: cuando es verdadera, cuando te sale de la panza, no cambia nunca. 
El tono de tu voz, pero ese tono que te aparece sólo cuando hablás con alguien que amás, no cambia nunca.
Ese rasgo que te hace único, no cambia. 
Tu manera de llorar no cambia. Y lo que necesitás para sentirte mejor, tampoco cambia
Todo eso que sos, que trajiste con vos, y que te llevarás con vos, no cambia.
Eso que llevás con vos, vayas a donde vayas, es lo que te hace sentir en casa.  
Por más lejos que vayas, por más que te extravíes, siempre llega la hora de volver a casa. 

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