Creo que nunca terminamos de conocernos a nosotros mismos. Porque nunca terminamos de formarnos. o adoptamos una sola postura, no somos constantemente la misma persona. Si recién nos levantamos, a un problema lo podemos ver desde un lugar. Al mediodía, lo analizamos de otra forma. Y antes de acostarnos, encontramos otra cara del mismo problema. Sí, la vida es así. Cambiamos. Cambiamos la forma de pensar. Hoy quizás no creamos lo que creíamos ayer. Y Te aseguro que mañana no vamos a pensar como hoy. Pero cambiamos, porque el mundo cambia. ¿O el mundo cambia porque nosotros cambiamos? Es un círculo vicioso, al que vamos a caer inevitablemente. Por más rebeldes que nos creamos, caemos.
Ahora, ¿Cómo es esto de que nunca terminamos de conocernos? Porque al fin y al cabo, se supone que cuando uno llega a "la madurez" "no cambia más". Pero sí! ¿Qué no vamos a cambiar!? Es así. Cuando creemos que nos conocemos, surge algún interrogante, algo que nunca nos habíamos planteado a nosotros mismos. Y nos vamos descubriendo. Y ese descubrimiento, a mi entender, no termina jamás. Y es lo que nos hace tan interesantes, tan complejos, tan humanos. Somos iguales, pero tan diferentes. Nuestras cabezas son un tesoro. Nuestros pensamientos son tan distintos, tan locos, tan lógicos, tan irreales, tan todo. Tenemos la capacidad de crear, de creer, de pensar. De sentir. Tenemos, tenemos, tenemos, pero nunca nos basta. Mejor, así es mejor. Esa inconformidad nos lleva a sobrepasar los límites, a ir más allá de lo que vemos, de lo que nos creemos capaces. Y qué descubrimos? Que somos capaces de más. De mucho más.
Somos increíbles. Wow. 

No hay comentarios: