Si el tiempo existe desde que el ser humano lo subdividió, ¿porqué temerle tanto a un programa que él mismo dio a luz? Un segundero de Mesías nos propone a su Dios, de crear un programa cargando la cruz.
"Si lo que permanece siempre igual es el cambio, ¿No ves? No hay nada más moderno que lo clásico", dijo después. Y esa contradicción sacó a bailar a Einstein y a María Elena Walsh en mi mundo al revés.
Entre creer y crear no hay diferencia de importancia: al sol y al corazón seguro hay la misma distancia.
Si las palabras acarician, matan y abrazan, ¿Por qué no se las cuida, como al cuerpo mismo, desde antes de nacer?. 
Cambiando el cuento que me cuento sobre el tiempo, cambia el tipo de tormento que defenderé. 
Tengo que creer en lo que veo, pero también ver lo que creo. 


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