El día del niño, para los más grandes, no sólo significa celebrar junto a los chiquititos que nos inundan el corazón de alegría con sus sonrisas.. 
Sino recordar, con un poquito de nostalgia, pero siempre con felicidad, esas tardes en que con una tiza dibujabamos un tejo, y jugabamos horas; o aquellos días en que, junto a los vecinos, la escondida y la popa eran entretenimientos para el día entero. 

Este domingo es para volver a ser chicos, para recordar cómo remontar un barrilete, o hacer un barquito o avioncito de papel. Para pensar en cómo hacíamos castillos de rastis, cómo nos divertíamos endando en bicicleta o patines. Es un domingo para darnos cuenta que la imaginación va de la mano de la felicidad. Para poder darnos cuenta que la historia la escribimos, la creamos y la vivimos. ¿Sino cómo jugabamos a la mamá? ¿A las muñecas? ¿A tomar el té? 
Es un domingo para abrir los ojos y poder ver que no hacen falta grandes cosas para sonreír: hay que mirar alrededor, y con un poquito de creatividad, ver en las peqeñas grandes cosas que nos rodean. 

Seamos felices como los más chiquitos, aprendamos de ellos, que cuando se caen y se lastiman la rodilla, algunas veces ni siquiera lloran: se levantan y siguen jugando, porque en algún punto saben que esa rodilla se va a sanar después, con mimos de mamá.. pero el tiempo que pierden para jugar por ocuparse de esa rodilla, no se recupera. 

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