La mente humana no está hecha para 
comprender ciertos misterios.
No entendemos la muerte, ni el amor. 
No entendemos el viento, o el cauce de un río, 
ni la ruta de las estrellas, ni la vida. 
No entendemos el color camaleón del cielo, 
ni las alas de una mariposa.
Porque esas cosas no se razonan, o se  comprenden.
Sólo se admiran, se contemplan, se sienten. 

Se viven. 

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