Digamos que las crisis, son, en cierta forma, como la lluvia. Cuando entramos en crisis, es porque no sabemos dónde poner los pies. Porque tenemos miedo, porque podemos errar. Lloramos, enloquecemos.
Bueno, cuando llueve pasa algo parecido: la lluvia nos opaca el camino, no nos deja ver qué hay adelante, no podemos saber a dónde estamos yendo.
Pero tanto las crisis como la lluvia, son necesarias. Las crisis, porque son un stop en el camino. Nos ayuda a pensar, y a tratar de aclarar las ideas. Ese lugar en el que estallamos, descargamos, nos calmamos. La lluvia hace lo mismo: cuando cesa, deja el camino mojado, pero lo deja limpio. Le saca el polvo, lo limpia, lo esclarece.
Y aunque haya veces que no querramos que llueva, simplemente es necesario que las gotas caigan del cielo.
Lo mismo pasa con las crisis. Aunque nos hagan sentir mal en el momento, más tarde vamos a poder ver que fueron totalmente necesarias, para esclarecer nuestro camino.
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