Ya estoy bien, ya me ordené en mi desorden..
Venía con semanas literalmente de mierda. Todo me hacía mal. Todo restaba, o sumaba de forma totalmente negativa. Ya las cosas buenas no superaban las malas, y no eran demasiado capaces de taparlas. Ya no podía aferrarme a cosas chiquitas de las que siempre me aferré para seguir sonriendo. Ya no me reconocía, no me soportaba, ni siquiera me quería. Todo lo que hacía estaba mal, y si estaba bien no alcanzaba.
Hace unos días, mejor dicho, unas noches, llegué al punto mínimo (o máximo, o el más bajo, o como se quiera llamar). Vi algo que no quería ver, que no terminaba de aceptar. Lo vi de la mano, lo encontré feliz, supe que no era para mí. Ok, no tendría porqué ser trágico.. pero en algún punto lo fue. Llegué a sufrir por alguien que me advirtió desde un principio que esto iba a pasar. Llegué a tener un nudo en la garganta, pero yo sabía que eso iba a pasar. ¿Masoquismo? No. Simplemente quise probar hasta dónde me iba a chocar con la pared.
La cuestión es que ese incontenible nudo en la garganta, que hacía que un poquito también doliera el corazón.. Me hizo elegir. Ese dolor me hizo pensar: ¿Realmente quiero esto? ¿De verdad voy a dejar que, después de todos mis logros, esto me quite mi sonrisa? ¿Mi felicidad? ¿Esas ganas de vivir que sabía contagiar? NO. Realmente no quiero nada de eso. Si tengo un objetivo en esta vida, es ser feliz. Y uno comienza a ser feliz cuando se lo propone. Cuando después de chocar la pared, la rompe. La traspasa. Y camina. Lento, rápido, con tropiezos, pero camina. Y hace un par de días, decidí cambiar de actitud: Y caminar con una sonrisa. Porque "como te ven, te tratan", y si voy poniendole mi mejor sonrisa al mundo, sé que de a poco, a ese mundo se le van a ir asomando los dientes. Y me va a sonreír.
No hay comentarios:
Publicar un comentario