Cuando era chica, hacía la lista de mi "chico ideal". Por supuesto, los requisitos iban según el gusto, no? Rubio, morocho, ojos verdes o marrones, alto o petizo, musculoso, lindo. Que tenga una linda profesión, con la cual gane plata y me haga una casa enorme.
Crecí, y con la adolescencia modifiqué bastante esa listita.. ya ahora me bastaba que sea medio lindo, que me diera bola, y bueno también era un poco exquisita: ojos verdes, alto, morocho.
Pero hoy, de esas listas no puedo rescatar absolutamente nada. Porque a medida que crecés te das cuenta que el físico es lo que menos mirás cuando te enamorás. Porque te das cuenta que ese pibe es hermoso cuando vos amoldás tus ojos. Porque te enamorás de lo interno.
Hoy, podría escribir una tercera lista (que, por supuesto, no va a ser nunca la definitiva): Hoy quiero alguien que vaya a mi par, alguien que me acompañe. Que me acepte y que me escuche; que me enseñe y que aprenda de mí; que de la mano podamos caminar y aprender juntos. Alguien con quien compartir.
Quiero que esa persona sea lo primero que pienso al despertarme, y lo último que quiero pensar al acostarme. Que me saque sonrisas con cosas simples.
Hoy quiero una persona con la cual poder disfrutar una buena charla, y también silencios que lo digan todo. Alguien que esté ahí, y alguien por quien luchar. Un hombre que me defienda, me respete y me ame.
Quiero alguien que pueda superar dificultades, que quiera pelear por mí y conmigo.
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