Si algún día de mi vida, un genio me concediera un deseo, sé muy bien lo que pediría. Nada de oro, ni dinero. Ni un auto ni un amor. Simplemente, pediría un día en el cielo. Sólo uno. Con eso me alcanzaría.
24 horas en el cielo me bastarían. Apenas esté ahí, lo primero que haría sería correr y abrazar a dos personas que amo. Con ellas pasaría una hora sólo abrazándolas, diciéndoles cuánto las extrañé, y cuánto las seguiré extrañando hasta que nos volvamos a ver. Los besaría en ambos cachetes, hasta dejarlos sin aliento, los miraría hasta cansarme. Después, les contaría como van las cosas, les diría cosas que quizás antes no les dije, quizás les repetiría millones de veces lo mucho que los amo, por más que digan que lo sepan. Les pediría consejos, los escucharía hablar horas y horas de lo que, quizás, en la tierra, no pudieron o no llegaron a decir. Les preguntaría como es la vida en el cielo, sólo para saber que están bien. Buscaría a otra persona que no pude conocer jamás, y le diría lo mucho que la quieren, y que aún la extrañan. Luego, durante una última hora de estadía en el cielo, me sentaría sobre una nube. Y observaría la vida en la tierra desde otro ángulo, una perspectiva diferente.
Sólo eso, si tuviera 24 horas en el cielo.
Cuando vuelva a la Tierra, a aquellas personas que aún aman, recuerdan y extrañan a quienes visité, les diría que ellos, efectivamente, están bien, felices. Aguardando el momento en que todos nos reunamos, por segunda vez, en la vida de los ángeles. Pero también diría que de ninguna manera traten de acelerar el paso por esta vida, que sólo es una, y bastante maravillosa. Les contaría cómo vi las cosas desde el cielo: que pude ver la destrucción, la poca moral, la falta de respeto entre todos en el mundo entero. Pero también vi la cantidad de amor que existe, el optimismo que derraman algunos, la cantidad de sonrisas que existen en el mundo.
Quizás nunca lleguemos a hacer todo lo que en esta vida quisiéramos, pero deberíamos tener dentro nuestro, un sólo sueño, grande. Y tras de él correr, toda nuestra vida. En el camino vamos a caer, levantarnos, van a aparecer deseos, metas, nuevos, pequeños y grandes sueños que también detrás de ellos hay que correr. Pero siempre persigamos lo que queremos. Lo que más queremos. No perdamos de vista el camino que nos lleva a hacerlos realidad! Es la única forma de vivir, de sobrevivir, de avanzar.
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